DUENDECITOS

Montaña arriba, montaña abajo,

jamás osamos cazar.

Tememos siempre por ellos,

los pequeños duendecillos de breve chaqueta verde

y largo gorro.

Allá en la costa rocosa, algunos tienen su hogar.

Viven en la blanca espuma de las fieras olas del mar.

Otros moran en las cañas del negro lago del monte,

con ranas que velan por despertar toda la noche.

En lo más alto del monte,

se sienta su viejo rey tan anciano y canoso

que casi el seso perdió.

Por puente de blanca bruma,

cruza vacilante el valle en sus reales viajes,

y a veces sube a cenar,

entre infinitas estrellas que iluminan su camino,

con la poderosa reina de las luces boreales.

A Bridget, la bella niña, las malas brujas raptaron.

Siete años la tuvieron, y cuando a casa volvió

a nadie en ella encontró.

Vinieron los duendecillos y en volandas

la llevaron entre la noche y el alba.

Creyéronla dormidita, pero muerta,

muerta estaba, de pena y dolor profundo.

Los piadosos duendecillos desde entonces

la guardaron en las aguas más profundas

del negro y oculto lago.

De hojas de blancos lirios,

un blando lecho le hicieron para mitigar

la espera de un futuro despertar.

Montaña arriba, montaña abajo,

jamás osamos cazar.

Tememos siempre por ellos,

los pequeños duendecillos de breve chaqueta verde

y largo gorro.