Todos los pueblos antiguos creían,
como bien escribió Paracelso,
que todos los elementos
tienen un alma y están vivos.
La creencia en la existencia
y el poder de los espíritus elementales
es tan vieja como
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Estas potencias de
(gnomos, silfos, ondinas, duendes, elfos,
ninfas, hadas u otras muchas acepciones,
dependiendo de su hábitat o sus características)
se cree tienen poderes mágicos y,
aunque son incapaces de encarnarse
en el mundo material,
sí pueden asumir forma humana
y mostrarse o ser vistos en determinadas circunstancias.










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