Pegaso, el Caballo Volador

El deseo más grande de Belerofonte

era montar a Pegaso,

el magnífico caballo con alas.

Él pensaba que nunca podría acercarse

a Pegaso y mucho menos domarlo y montarlo.

Una noche, la diosa Atena

se le apareció en un sueño.

"Aquello que el hombre jura

que no puede ser realizado,

no debe ser esperado.

El poder en alto lo pondrá

en sus manos con facilidad."

Al despertar, Belerofonte encontró

a sus pies un freno de caballo, hecho de oro.

Fue al prado preferido de Pegaso

y encontró a ese maravilloso caballo.

Pegaso se acercó a Belerofonte trotando

y permitió que lo montara sin resistirse.

El caballo y el jinete formaban

un apareja perfecta y vivieron muchas

emocionantes y exitosas aventuras juntos.

Desafortunadamente para Belerofonte,

él estaba empeñado en convertirse en un dios.

Un día, saltó sobre Pegaso

y lo incitó a subir al Olimpo,

el hogar de los dioses.

Sin embargo, Pegaso era más prudente

y por vez primera no quiso obedecer.

Arrojó a su jinete al suelo

y se hecho a volar.

Belerofonte, cuya ambición

había crecido demasiado,

tuvo que andar a pie sin rumbo

por el resto de su vida,

evitando el contacto con la gente.